Gracias al cambio extremoso de clima que se ha vivido los últimos días en la Ciudad de México, mi voz desapareció, lo cual me hizo reflexionar y valorar el silencio. Muchas veces no nos ponemos a pensar en lo que vamos a decir, por el contrario hablamos sin pensar, lo cual resulta cómodo para ciertas personas; pero el hablar sin meditar trae consigo consecuencias, se pueden herir sentimientos o tocar temas sensibles para otros.
El estar sin voz me hizo recordar mis clases de África en donde el silencio es algo sagrado y también es visto como una forma de expresarse, el chiste está en saber interpretar estos silencios, la gente mayor de las tribus, en donde la oralitura es la forma de comunicación más efectiva, guarda silencio en los momentos de mayor sabiduría y se sabe en que momento es pertinente expresarse.
Es por esto que mi tiempo en silencio me ha hecho más reflexiva de lo que voy a decir y cómo lo voy a decir, lo cual e lleva a invitarlos a pensar antes de hablar, ya sea en público o en una pequeña reunión entre familia, y encontrar el significado del silencio.
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