El sábado mientras hacía uso del
transporte público, tuve una extraña experiencia, y es que como habitante de la
Ciudad de México se tiene que estar alerta; y es que mientras el pesero se
detuvo en una parada habitual un hombre y una mujer, tatuados y con aspecto
dudoso, se subieron y comenzaron a dar un pequeño discurso en el cual decían
que les diéramos dinero y evitáramos que nos robaran y pasar un momento amargo,
hecho que para mí sonaba a amenaza.
Queriendo o no la gente comenzó a sacar
dinero mientras la chica pasaba estirando la mano con cara ruda a recoger el
dinero, yo iba con mi hermana y mi madre estaba en el asiento de adelante, mi
mama ya les había dado dinero entonces la chica se acercó a mí y me pidió dinero,
yo le dije ya te dieron; y ella me decía pues tú también dame, en eso su
compañero le hablo y se bajaron. El chofer no arrancaba y la gente se
encontraba nerviosa, porque temíamos que volvieran con pistolas o a robar, lo
cual me hizo preguntarme: ¿el chofer tendrá un acuerdo con los chicos para que
no le nieguen subir? Hecho que no me extrañaría ya que he escuchado de casos en
los que es así.
Pero el punto es que aunque no se suban
a asaltar a la gente y traten de ser “amables”, sigue siendo una forma de
amenaza que atenta contra la salud emocional de los usuarios. Creo que el
gobierno podría cooperar con las rutas de transporte, las cuales más o menos
saben dónde se suben estas personas, para que se pongan policías o patrullas
que vigilen y garanticen la seguridad de la ciudadanía.
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